El « burnout materno » o mamás agotadas de tratar de ser perfectas

« La buena madre » por Karl Gottlieb Lück

Todo el mundo lo sabe, las madres son tiernas, comprensivas y aguantadoras. 

Y si no, hay miles de textos que les explican muy bien cómo ser madres hoy en día. Textos sobre las mejores maneras de educar sin sofocar; de cómo amar sin ablandarse ante los caprichos; de cómo equilibrar trabajo y familia; de cómo combinar responsabilidad y juego en la vida de los chicos; de cómo alimentar equilibradamente. En fin, de cómo llegar a ser lo mejor de lo mejor cuando se es madre.

Lo que se dice poco es que ser madre es una de las actividades más difíciles del universo.

Lo difícil no son los hijos, es todo lo demás alrededor.

En general la vida con hijos es muy divertida, los niños son maravillosos y nos obligan, sin quererlo, a descubrir zonas de felicidad, cosas del mundo y facetas de uno mismo, que sin ellos alcanzaríamos rara vez.

El problema son las expectativas. Las madres sabemos lo que se espera de nosotros: paciencia, amor y resiliencia (aguante), y también más amor y más paciencia y más limpieza de vajilla y más almuerzos y más paciencia y más resiliencia y más platillos en el refri, y más paciencia y más amor y claro, también satisfacción personal, sexual y monetaria…

Así es, no hay vuelta de hoja.  Y por supuesto, como así es, no conozco a madres quejosas (aparte de mi por supuesto)…

Si las madres están cansadas, al borde de una crisis de nervios y tratando de no hablar de lo que no les gusta, no es porque hay mucho (o demasiado) que hacer, es porque algo están haciendo mal. Ya sea que no toman tiempo suficiente para ellas mismas o que no hacen suficiente pilates o yoga. O las dos.

A ese cansancio extremo  y al estrés relacionado con el simple hecho de ser madre se le define como « burnout materno ». Y aunque inaceptado, es común.

Violaine Guéritault, habla de este fenómeno en su libro “El cansancio emocional y físico de las madres” (La fatigue émotionnelle et physique des mères : Le burn-out maternel). 

La fatigue émotionnelle et physique des mères : Le burn-out maternel

La fatigue émotionnelle et physique des mères : Le burn-out maternel

En general, las madres hacen las cosas sin quejarse porque las madres son así.

De hecho, estoy segura que de entre las que lean este texto, pocas estarán de acuerdo con lo que escribo. Sé que pocas se sentirán sofocadas al punto de coincidir conmigo.

Aún así, tengo amigas y conozco muchas otras madres que quieren ser las mejores y no pueden.

Para todas ellas, lo siento, no tengo soluciones sólo una frase : « No están solas ».

Otros textos al respecto :

https://asociacionitaca.wordpress.com/ 

http://blogs.elpais.com/mamas-papas/2015/08/la-maternidad-me-supera.html 

 

Lo que somos – una reflexión desde Quebec

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El contexto

El gobierno de Québec dio a conocer este martes 10 de septiembre los detalles de la Carta de valores quebequenses (Charte des valeurs québécoises) que será presentada como proyecto de ley ante la Asamblea Nacional de Quebec este otoño. El documento, que de ser aceptado por los diputados provinciales sería ley prohibiría, entre otras cosas, la utilización de símbolos religiosos a los empleados de su gobierno durante el ejercicio de sus funciones.

Aquellas personas que trabajen en instituciones gubernamentales o para-gubernamentales no podrían bajo esta ley, portar por ejemplo un crucifijo católico, un hiyab o velo musulmán, una kipá judía o un turbante sij durante sus horas de trabajo.

Esto se aplicaría a todo personal trabajando en las instancias judiciales, policiales, administrativas y educativas e incluso, en guarderías subsidiadas por el gobierno de la provincia.

La controversia

Como era de esperarse dada la importante presencia de comunidades inmigrantes en Quebec y por ende de comunidades religiosas activas, el proyecto de ley ha sido comentado en todas las tribunas y criticado por amplios sectores de la sociedad que van desde soberanistas convencidos hasta las asociaciones de laicos y de religiosos pasando por las cámaras de comercio y los intelectuales.

Para muchos esta propuesta es un atentado contra la libertad de expresión y contra el respeto de las diferencias. Para otros es natural querer afirmar una cultura con medidas como estas.

La reflexión

En medio de todo este debate talvez sería pertinente preguntarse : ¿qué es ser quebequense?  ¿qué se necesita para SENTIRSE de Quebec? ¿qué determina nuestra identidad como parte de un colectivo y como individuos?

¿Son los años que hemos pasado en un lugar en específico? ¿Son los impuestos pagados al gobierno en turno? ¿Son las personas que nos rodean? ¿Es la música que escuchamos o el instrumento que tocamos? O talvez, ¿la comida en nuestras mesas?

Sociólogos y psicólogos hablan de los diferentes círculos a los que pertenecemos. Desde la familia y la escuela, hasta los grupos religiosos, deportivos o sociales de los que somos parte, pasando por la ciudad en la que vivimos, el lugar de donde venimos, la provincia, el país, el mundo… estamos siempre cambiando de un círculo al otro y en general, no hay conflicto entre uno y otro porque TODOS son parte de lo que SOMOS.

Una persona puede muy fácilmente ser jugador de hockey, lector de tarot, estudiante de ciencais políticas, budista, quebequense y terrícola.

Los seres humanos somos muchas cosas al mismo tiempo. Y las sociedades actuales se verán obligadas a cuestionarse todo esto para poder mantener la paz social y la armonía cívica.

Por lo pronto, las escuelas de Quebec están llenas de niños de todos los orígenes y de todos los colores. Todos hablan francés y muchos de ellos hablan otras lenguas también. Viven aquí, crecen aquí, aprenden esta historia… Son y se sienten de aquí por que conocen poco o nada de otros lugares y de otras culturas.

El tiempo dirá si ellos se sentirán quebequenses o simplemente humanos, pero por lo pronto, parece ser el momento ideal para imaginar lo que queremos que sea una sociedad moderna en la que la diversidad es cada vez más la normalidad. El espacio para la reflexión está abierto.